Han pasado muchas cosas desde que, a fines del siglo XIX, apareció el primer mo delo de pantalones de la mano de Levi Strauss. Pero más allá de los cambios históricos, sociológicos y culturales, las prendas de denim siguen vigentes y muy en boga. Y no sólo eso, de la mano de las innovaciones tecnológicas, se rein ventan cada temporada.
¿Cómo definirlo? Probablemente el jean sea la prenda de vestir más universal en la historia de la sociedad moderna. Su sola mención conlleva una larga asociación de ideas que van desde su categoría de básico indiscutido hasta las diferentes consideraciones de clásico y a la vez actual, pasando por los conocidos ‘infaltable’, ‘comodín’ y siguen… Por eso, para responder a la pregunta, nada mejor que consultar a los expertos. Según exponen en la introducción del libro Jeans. La vigencia de un mito, recientemente publicado por el Instituto de Sociología de la moda que coordina la especialista Susana Saulquin, “se trata de la prenda símbolo de la sociedad industrial (…) No es casual que este pantalón se haya transformado en el ícono que materializa la obsesión por la producción y el consumo (…) Al tener permanencia en su uso, pudo transformarse en la vestimenta símbolo y fetiche de la cultura masiva”. No en vano cada uno de nosotros atesora –al menos y siendo muy, pero muy, pesimistas– un pantalón de denim. Y eso, sin ponerse a pensar en las polleras, jardineros, camisas o camperas, por nombrar otras prendas.
La historia es conocida. Corría el año 1853 cuando, en plena fiebre del oro, el alemán Levi Strauss decidió instalarse en San Francisco con el fin de abrir un local para vender tiendas de campaña a los mineros. Allí descubrió que los ‘buscadores de oro’ preferían dormir a la intemperie y, sin embargo, tenían que resolver un problema con sus pantalones: la rudeza del trabajo, más el peso de las pepitas que cargaban en sus bolsillos, hacían que se rompieran constantemente. Strauss aprovechó el denim marrón de las carpas y diseñó un modelo de ‘overol a la cintura’, hermano mayor del mítico ‘blue jean’. Apenas 150 años más tarde, basta con salir a caminar por el centro comercial de cualquier ciudad del mundo para darse cuenta de lo que pasó después. De la mano de las constantes innovaciones tecnológicas, la industria ‘jeanera’ creció y sigue multiplicándose a pasos agigantados. “En plena cultura de la imagen, cada persona resulta el reflejo de sus pares. Es entonces cuando vaciadas de identidad, depositan en este pantalón la enorme responsabilidad de otorgarles autenticidad. Tan fuerte es la identidad del jean, que es capaz de desprenderse del concepto de subgrupo del pantalón, para conformar su propia categoría al liderar una nueva familia de prendas”, agrega Saulquin en su libro. Con el tiempo, el vaquero dejó de ser exclusivo ‘de los trabajadores’ para convertirse en prenda fundamental del maravilloso mundo de la moda. Aunque recién en 1970, diseñadores como Yves Saint Laurent, Pierre Cardin o Kenzo, se animaron a incorporar tímidamente el denim en sus colecciones. Nada comparado al fenómeno que se vio en las pasarelas durante los últimos años.
¿Qué noble hubiera dicho que se iba a cruzar con una verdadera princesa enfundada en prendas de este género? Pregúntenle a nuestra adorada Máxima qué opina al respecto. “Más que una sofisticación del jean, me parece que hubo una informalización de la moda, y el denim ocupa su lugar de básico por excelencia. El período más sofisticado fue durante la década de los ’80, cuando se le hacían aplicaciones de todo tipo y nacieron los jeans de los diseñadores de alta costura”, arriesga Carolina Gadano, gerente de marketing de Levi’s. Por su parte Cristina Shahinian, coordinadora de comunicación, moda y tendencias de Santista Textil (ex Grafa), agrega: “A fines de los ’90 comenzaron a desarrollarse nuevas combinaciones de fibras que, sumadas a los avances tecnológicos, reposicionaron al denim con más fuerza. La mezcla con poliester, lycra, tencel o modal, además del teñido de hilos, da pie a la era de cambiar efectos en la construcción del género, lo que le otorgó a los diseñadores la oportunidad de experimentar con los tejidos”. Y desde Alpargatas Textil S.A. apuntan: “Además, las industrias químicas han trabajado junto con los lavaderos industriales para potencializar la diferenciación que aparece en las prendas tras aplicar diferentes tratamientos”.
José Luis Otiñano es especialista en la materia. Desde hace un año y dos meses está al frente de Oxdans, una marca propia que trae una propuesta innovadora, pero durante mucho tiempo diseñó las colecciones para las firmas de primera línea. “El desafío que presenta el denim son las limitaciones de la tela. Es azul o negra, con variaciones dentro de la gama. Aunque ahora empezaron a salir al mercado algunas versiones de colores, con el aporte de los óxidos tanto en urdiembre como en la trama. Es un género bastante básico en cuanto a su construcción, y el punto pasa por encontrar los detalles que lo diferencian. Pequeñas sutilezas que aparecen a medida que uno lo va desgastando, erosionando”, explica. A grandes rasgos, esta tela de algodón asargado de trama blanca y azul que empezó a fabricarse en la ciudad francesa de Nimes, posee una coloración azul índigo que proviene de la India. “Partimos del algodón que ingresa en las plantas textiles. Las máquinas hiladoras lo convierten en hilos, algunos de los cuales son teñidos con una coloración azulada y luego se cruzan con otros blancos en el telar. Se le aplican diferentes tratamientos hasta obtener el denim terminado. El proceso dura 21 días”, cuentan en Alpargatas Textil S.A. Si se trata de mencionar las ventajas de los nuevos géneros, los expertos coinciden en que al ser más livianos, consiguen una mejor caída de la ropa manteniendo la buena resistencia. “Esto permitió fabricar nuevas prendas en denim, como bikinis, accesorios, vestidos y camperas de moda más elaboradas”, dice Cynthia Kern, diseñadora y dueña de Kosiuko, una marca que nació en 1993 y exporta sus creaciones a diferentes rincones del mundo.
Una de las características que destacan en Rapsodia es que se trata de un género que no pasa de moda. “Es la prenda más canchera en el guardarropas de cualquier mujer por comodidad y también porque va con todo”, afirman. En eso coincide Otiñano, que además distingue a sus clientes según el estilo de jean que prefieren. “Tiene sus adeptos en distintos conceptos. Por un lado, los que eligen el ‘raw denim’, el azul más oscuro. Son más bien ‘darks’, londinenses. Después, los amantes del jean western en todas sus versiones, que es el lavado, con roturas sectorizadas, arenados o cepillados localizados. Jamás usarían una prenda oscura. Y están los que prefieren los modelos totalmente dramáticos, barrocos, con bordados y estampados”, define. En 47 Street, una marca orientada a las adolescentes que se hizo muy popular por ser la elegida de las protagonistas del programa Rebelde Way, apuntan que las chicas “buscan prendas con las que puedan sentirse parte de algo, de un grupo”.
En nuestro país no existen cifras oficiales sobre la cantidad de prendas que se fabrican o venden al año, aunque el cálculo histórico hablaba de una por habitante. Según el estudio realizado en 2002 por la consultora Claves Información Competitiva, en nuestro país el sector se divide en tres segmentos: marcas tradicionales, de moda y de bajo precio. “El primero, integrado por firmas establecidas desde hace años, que poseen un estilo particular y siempre respetan sus líneas de producto, comprende un 12 % del mercado total, registrando una caída respecto de 1999 de tres puntos porcentuales. El de moda, se caracteriza por la notable dinamicidad que registran tanto en lo referido a la entrada y a la salida de compañías o por la constante innovación en los productos que realizan. Su oferta está dirigida básicamente a las mujeres adolescentes que son las que más atención prestan a la estética y a las nuevas tendencias y posee alrededor del 20% del mercado. En virtud de la reconversión del jean como una prenda de moda, la tendencia de este sector se ha revertido y es creciente. En el segmento del bajo precio, aparecen las empresas cuyo objetivo es lograr el menor costo posible, ya que ésta es su herramienta de competencia. Captan alrededor del 68% del mercado”, exponen. Más allá de las cifras formales, a la hora de definir a las compradoras argentinas Otiñano es terminante. “Creo que son adictas al jean. Siempre tienen miedo de estar ‘demasiado bien vestidas’ y se sienten seguras si utilizan una prenda de este género. Ya sea un pantalón, bien combinado con un top y unas sandalias de noche. O bien cuando usan vestidos hiper elegantes que desestructuran al agregar al conjunto una campera de jean. No sé si es inseguridad o parte del estilo, de la idiosincracia”, concluye. Y el hombre, del tema sabe.
Modelos con historia La historia del denim tampoco está exenta de extravagancias. Entre los clásicos de clásicos, se encuentra el modelo 501 de Levi’s, descendiente del primer pantalón que recibió su nombre en honor a un lote que bautizaron con ese número. Entre los datos curiosos de la marca aparece el vaquero más antiguo, encontrado hace unos años en una mina y por el que pagaron sólo u$S 25.000. Kosiuko también guarda algunos hitos en su haber. En 2002, la revista Sportswear lo eligió como el mejor jean de mujer del año y Britney Spears lució un modelo exclusivo en el video de la canción Overprotected. Y si de divas se trata, el recuerdo de la inigualable Marilyn Monroe aporta una perlita. En diciembre de 1999, remataron los dos pantalones que usó durante el rodaje de Los Inadaptados. Tras pagar una fortuna por los mismos, el diseñador Tommy Hilfiger decidió enmarcarlos y colgarlos en el living de su casa.